Soledad sonora

(La luna era un farol)

Ahora,
cuando la soledad
se hace sonora,
el cielo se torna rosa
y un eco de campanas distantes,
apenas perceptible,
se oye a lo lejos.

Los recuerdos,
que fueron azules, profusos,
se han vuelto, en un giro mágico,
violetas.

….anochece, y yo, alucinado,
he creído que amanece,
y me he puesto a chapotear el agua
como un pato blanco nácar
esperando la luz del día.

Ahora,
cuando la soledad
en mí se acomoda,
observo en pleno éxtasis
el vuelo místico
de la gaviota a lo lejos;
mientras, seguramente,
alguien está en trance
con mi amada universal
en algún parque frondoso.

Despunta el alba,
y con ella vuelven los pájaros
a mi ventana
……¡qué placer
que el sol cabalgue la Tierra
rayo a rayo!
Uno tras otro se va filtrando
a través de la reja,
lentamente…

Lentamente la sangre por el cuerpo
y la sabia por el tronco,
lentamente una sombra de arbusto,
un resplandor de jazmín
….hay algo que no estaba ayer,
que no permanecerá mañana:
¡esta claridad divina, esta lucidez!
Y anhelo ese día resplandeciente,
de belleza suprema,
en que poder proyectarme
a los colores.

En esta soledad bebo
de todas las fuentes del saber
que confluyen en mí
y descubro nuevas sensaciones,
me siento el centro
y la cúspide del equilibrio,
el epicentro cósmico.

En completo silencio,
libre de ataduras,
gozo en el olvido
el presente fugaz
de lo que soy,
el futuro previsible
de lo que quizás
mañana seré.

Este instante de júbilo,
este latir del corazón sin más,
es incontrolable,
pura soledad.
Y también la rutina
de mirar inconsciente
todo cuanto vibra,
emana o irradia.

Tal vez
un insecto que vuela
configuraciones extrañas
pueda delatar la existencia
de alguna constelación desconocida
fruto del azar.

O quizás bajo tus pies,
una planta haya perdido
toda posibilidad
de crecer.

Y es posible
que la piedra
con la que tropezaste
más de una vez
en tu camino
fuese la piedra filosofal
y la confundieras
con un pedernal,
tesoro extraviado de un niño
perdido en sus sueños.

Todo es tan extraño…
Y sin embargo, ahora,
cuando la soledad se hace sonora
voy buscando la razón de las cosas
y de que las mariposas vuelen
así de despreocupadas,
sin la más mínima turbación,
cuando le acechan calamidades
o un gato y suena una música
que llama mi atención
y me embriaga.

Declina el sol sobre el mar
hecho una bola de fuego crepuscular,
belleza desbordante y multicolor;
pero muchos, en su ignorancia y ajetreo,
permanecen ajenos
ante semejante espectáculo,
que, sin embargo,
puede encerrar la clave
de algún oráculo.

Ahora,
cuando la soledad
se hace sonora,
el cielo se torna rosa
y un eco de campanas distantes,
apenas perceptible,
se oye a lo lejos,
muy lejos…

(Juan Rguez. de Tembleque)

Nota.-El texto original, que ha sido reducido y modificado parcialmente, se escribió en el verano de 1975, cuando la soledad se me hizo sonora y los pedestales se resquebrajaron, entre otras cosas porque eran de vidrio fino.


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