Sal de ti

Oye, sal de ti,
dátela con viento fresco.
No sincronices la duda,
siempre tendrás luna.
Abandona el conflicto.
No concibas la vida
como un toma y daca,
y date por entero,
por la cara.

(Te asombrarás.
Anda, sólo un paso
de gigante)

Repártete
donde no llegan
los lazos de sangre
ni cabe esperar
nada a cambio;
de lo contrario
te irás todo tú,
de puntillas
y sin pena ni gloria,
a la piltra sepulcral.
En el silencio
más profundo y oscuro
de la incomprensión total,
en el desfase lunar.
Nada tuyo en el prójimo
todo en ti comprimido.

Más allá
de lo que ven tus ojos
hay otros ojos
que te sienten y miran.
Miradas que rebotan
en tu duro caparazón
de miedos y recelos.

Más allá
de lo que ven tus ojos
hay un corazón desnudo,
un cuerpo incompleto,
unas manos torpes y frías,
que no dan tu medida,
pero que te contemplan de cerca
asimilando tu desprecio.

Y sin embargo,
quizás, son tu única salvación,
su única salvación,
en el laberíntico camino
de los soliloquios sin fin.

Tal vez exiges mucho:
unos pechos abruptos,
unos contornos curvilíneos
proporcionados,
unos sentimientos carentes
de racionalidad,
un amor incondicional
o una dedicación
en exclusiva.

Tu moral embutida
está en permanente conflicto
con la realidad
y lo natural.

Todas nuestras vidas
se volatilizan en menudencias
que se diluyen y dispersan
en el Todo
muriendo y naciendo
con la cadencia
de un vals universal.

Tienes que aceptarlo
y formar parte del él,
moverte a su compás:
un, dos, tres;
un, dos, tres

No es bueno ni malo,
simplemente es.

Y si lo ignoras
o afrontas el mundo
con tu silencio
y ensimismamiento,
te derrotará la soledad
y andarás de por vida,
descompasado
y sin afeitar.

(Juan Rguez. de Tembleque)


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