¡Que jolgorio!

Qué jolgorio
el mundo naciendo
y muriendo desmesuradamente,
pajarraca de anochecida
en la copa de un pino,
unas veces,
fruto mondo y lirondo, otras,
y paisaje vacío de adornos,
las más.

Qué jolgorio el mundo
siempre por descubrir,
misterioso en lo más simple;
el cero de Celaya
o la “i” en su punto,
la noria cansina
del prometéico y prosaico
León Felipe.

El mundo todo
es toda la savia
estratégicamente distribuida,
el latido que da pulso
a las cosas y a los seres,
que desencadena los sucesos,
la muerte y la vida.

El mundo:
unos ojos, una suerte;
Platero y yo decadentes
- azul prusia intenso o lila -
girasoles de Van Gogh
y arlequines de Picasso,
pasmo,
Whitman amando
cada grano,
quijotes y sanchos,
cuerdos de atar,
alternancia de átomos
y enseres,
configuraciones
y estrellas;
Neruda, todo cascada
de música y
palabras.

El mundo está en clave
y hay que descifrarlo.
La llave que le da cuerda
está oculta en el reverso.

("Malva"
Juan Rguez. de Tembleque)


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