Platero y yo

En el camino del sofoque
por el que voy a la playa,
está la casa
-medio selva,
medio palacio colonial-
ya casi draculina,
de los bambúes.

¡Platero…..
la casa abandonada de los bambúes….!,
diría abuelo Juan Ramón
amedrentándonos.

Esa casa
-siempre blanca y enigmática-
en su jardín descuidado,
guarda mi ilusión
de niño.

Tiene alberca,
parajes ensombrecidos
donde esconderse
y la magia de la penumbra
de árboles y matas
centenarios.

Allí, Platero, está
mi ilusión de niño.
Y cada vez que paso,
soñoliento y aburrido,
camino de la playa,
me dan ganas
de saltar la valla
y quedarme a vivir
de incógnito
en algunos de sus rincones,
dando varazos al Sueño
que se hace el remolón
y no quiere continuar.

("La noria de los sucesos".
Juan Rguez. de Tembleque)


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