Dedicatoria

Para algunos
el camino de perfección
empezó por el abismo
de la desilusión,
que es la gran liberación;
pero para mí,
un poquito antes:
cuando te junté a mí
con tu absorto
beneplácito.

Y siendo así,
que me precipité en ti,
no cabe duda que ya entonces,
aunque ignorante de los pilares
de la filosofía, era,
al fin y al cabo, sabio,
queriéndote toda
de cabo a rabo.

(Juan Rguez. de Tembleque)


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