Sobre creatividad, complejos, modas
y animales totémicos


Todo parece indicar que las personas con alguna “anormalidad” y que por lo tanto se encuentran en los márgenes de la campana de Gauss, suelen ser más tímidas, introspectivas y observadoras, y tener una mayor sensibilidad e inclinación poética y artística en general. Análizan e interpretan las cosas con enfoques singulares desde perspectivas atípicas. Análogamente ocurre con aquellas personas que tienen una vida complicada y azarosa. Al parecer el desequilibrio emocional favorece la creación y, como el hambre, agudiza la inspiración y el ingenio. Un elevado peaje el que se paga, y no deja de ser paradójico que muchas de las obras literarias o de arte más bellas sean fruto del dolor, la desolación o la angustia vital. Aunque de ser inevitable el sufrimiento, qué mejor terapia, desahogo y consuelo que la creación de obras maestras cuya contemplación o lectura cause emoción, goce y admiración a otros.

Y hablando de “anormalidad”, real o ficticia, y en todo caso relativa; hablemos de los complejos, que, sobre todo en la niñez, la pubertad y la adolescencia, tienden a ser innumerables y a veces casi inescrutables. Complejos sobre aspectos físicos o psíquicos, qué más da. El que más y el que menos ha tenido alguno, o todavía lo tiene. Y poco importa su dimensión real, sólo vale la percepción del que lo siente como tal.

A menudo lo que marca la diferencia es consecuencia de alguna experiencia traumática o problema psíquico, este último frecuentemente relacionado con cuestiones afectivas familiares. Por lo que respecta a los físicos, aunque los implicados se parezcan al común de los mortales y formen parte del montón, diferenciándose apenas de los estándares y estereotipos imperantes, no por ello su rechazo a una o varias de sus partes y su sentimiento de frustración por uno o más “defectos” dejan de ser una realidad objetiva que sufren a veces con gran intensidad y amargura, por muy ridículas y nimias que puedan ser o parecer a los demás las causas que las motivan.

Pero nadie es perfecto y, además, el canon de la perfección cambia con el tiempo y de un lugar a otro. La dictadura de la moda en lo estético, a veces amparada por las tradiciones, es un hecho contrastado a lo largo de toda la historia, basta hacer un repaso por los diversos pueblos y culturas. Así, por ejemplo, si el inca o el faraón de turno tenía la nariz aguileña, el cóndor o el halcón (Horus), respectivamente, pasaban a ser divinos y había nariz aguileña para rato, entre otras cosas porque a ser dioses o comportarse como tales y tener derecho de pernada sobre lo que se les antojara, iban dejando tras de sí una legión de individuos, si no clones, sí genética y físicamente muy similares; y si el maya la tenía chata (me refiero también a la nariz), pues era algo fantástica, porque de esa forma era la del jaguar, felino rey de la selva americana; y si no obstante fuera necesario tenerla picuda y encorvada para que no se pusiera en duda su celestial ascendencia divina, se la remodelaba y todos tan amigos. Unos han entablillado el cráneo de sus bebés para alargarlo longitudinalmente, otros para acortarlos; aquellos se han puesto un disco en los labios y otro en los lóbulos de las orejas; y un sinfín de etcéteras. Para las españolas de los años 50 (S. XX) fue un desafío vestir pantalones, porque era cosa de hombres; pero también enseñar las rodillas. En cambio ahora bastantes musulmanas visten pantalones, a veces por debajo de los faldones, como si hubieran nacido con ellos. Y cualquiera se atreve a trasgredir la norma de la tradición, sobre todo cuando tiene connotaciones religiosas, pues no sólo te pueden marginar, sino lapidar o quemarte en la hoguera; y sin embargo todo, por más arraigado, inmutable y sólido que parezca, puede volatilizarse casi de la noche a la mañana, como muchos, especialmente las personas entradas en años y, por ende, con más historia, han podido ver, unas veces con satisfacción, otras con estupor, dependiendo de según qué.

En ocasiones la intensidad del complejo es tal que algunos rehúyen las relaciones sociales y se enrocan en sí mismo, o tratan de camuflar la causa de su aparente desgracia, que cuando es física hacen todo lo posible para olcultarla, incluso por eliminarla mediante alguna operación quirúrgica, perdiendo con ello, con toda probabilidad, uno de los rasgos más característico e identificable de su animal totémico predominante, el ascendente que dejó mayor huella genética a lo largo de toda la evolución de sus ancestros.


(Continuará…..)

 

En proceso creativo, disculpen las posibles erratas, retoques, etc.


Juan Rodríguez de Tembleque, 2011-2012

 

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